Quantum Enigma
Quantum Enigma trata de abordar las paradojas que implican los fenómenos observados a nivel cuántico. Por ejemplo, la no existencia de una realidad más allá de nuestra observación de la misma, o las influencias que ejercen unas partículas sobre otras con las que alguna vez mantuvieron algún contacto, sin que la distancia que las separe sea un obstáculo.
El enigma del título surge del papel que juega nuestra consciencia en la realización de experimentos cuánticos: en apariencia mientras un observador consciente no realice una observación de los resultados de los mismos, estos permanecen en un estado indeterminado denominado estado de superposición.
Es el caso del clásico experimento mental con un gato que propuso Schrödinger, en el que parece que mientras nadie mire dentro de la caja en la que se encuentra para comprobar si el gato murió como resultado de algún fenómeno de carácter cuántico, el animal técnicamente ni está vivo ni está muerto. Se encuentra en el mismo estado de superposición que el resultado del experimento.
A pesar del título, podría decirse que el libro es poco más que un recorrido por la historia de la física desde los tiempos en que la Tierra era el centro del universo hasta nuestros días. Los capítulos dedicados a tratar este enigma de la consciencia son pocos, y están contados con prisas. En ellos se habla de si la consciencia debe ser un concepto a tratar por la física, las diferentes teorías sobre el origen de la misma, intentos de introducir al observador consciente en la teoría cuántica, e incluso se habla de la posibilidad de que un mayor conocimiento del funcionamiento de la consciencia daría lugar a un mayor conocimiento del funcionamiento de la cuántica.
Aún así, como obra divulgativa de física cuántica es más que correcta. Todos los conceptos están muy bien expuestos y se da una imagen muy clara de las implicaciones que suponen de cara a nuestra visión clásica del mundo.
Es curiosa la sensación que resulta de leer sobre estos temas. Parece que en nuestro intento por dar con un modelo matemático del mundo, la propia naturaleza nos ha dejado en un punto en el que, o bien aceptamos la existencia de un Dios observador para ser consecuentes con nuestra idea de un mundo real con independencia de que nosotros hubieramos aparecido, o renunciamos al realismo y aceptamos que lo que vemos es así por el hecho de que lo observamos, desde el presente hasta los comienzos del universo.
Un libro muy interesante, que da que pensar, pero en el que se echa en falta un poco de profundidad en los temas sobre los que se supone que habla.



